felipe arratia

Thursday, November 05, 2009

Just a Man

La historia dirá que ese jueves 29 fue uno de los días más calurosos que recuerde un octubre en Chile. La acción comenzó a eso de las 3 de la tarde. El manager de FNM quería ver los listados de acreditados y yo aún no salía de mi casa. Volé para tomar un taxi y me encontré con que el chofer (que se identificó como ‘el Bola 8’) afirmaba haber trasladado la noche anterior ‘al baterista de Faith No More’, quien le pidió llevarlo a un lugar donde hubieran ‘mujeres perversas’ (dicho en español). Eso contrastaba bastante con lo único que supe de Mike Bordin la noche anterior: mientras nosotros cenábamos con Patton, él se retorcía de dolor de guata por algo que había comido en Lima.

En fin: salimos rápido del cacho de los listados y el resto de la tarde fue tranquilo. Había existido tal preocupación en los meses previos que, a horas del minuto clave, todo parecía bajo control. Durante la espera, la Dani (mi asistente) y yo aprovechamos de husmear por todas las áreas, conversando con los protagonistas del cuento: los promotores neozelandeses de visita (que traen a FNM en febrero a su país), Diego, el Jefe de Escenario, con quien coordiné la entrada de los fotógrafos a la barricada y la ubicación de las cámaras de TV, y Gigio, nuestro hombre de la seguridad que sería clave al día siguiente. También aproveché de sacar algunas fotos desde el escenario, y algún setlist por ahí desapareció misteriosamente…

En el comunicado pedí que la prensa llegara a más tardar a las 20 horas. Lo concreto es que a esa hora no había llegado NINGUN periodista. Sería lindo que un buen día un encargado de prensa tuviera los cojones de no permitir el ingreso de prensa después de la hora señalada. En todo caso, el ingreso de los colegas fue piola: eran pocos, y a estas alturas ya nos conocemos entre todos. No faltaron los que trataron de entrar con la credencial del Círculo de Periodistas, o los chantas del Teatro Caupolicán que quisieron hacer pasar unas listas brujas plagadas de amigos suyos.

21:10 horas: Estoy en la barricada con los gráficos, mientras la Dani coordina a los de TV. La banda se hace esperar y al teatro le sudan las paredes y parece que reventará en cualquier minuto. Finalmente, el primero es Bordin, provisto de un poncho que le dura escasos minutos dados los 38° a la sombra. Luego Gould, Hudson y Bottum, quien comienza con los primeros acordes de…¿’Reunited’? No! Es la música incidental de ‘Scarface’, pero eso lo sabemos sólo con los inquietantes ‘Bom Bom Bom’ de Michael Allan Patton, que provoca sicosis colectiva en milisegundos. A los primeros redobles de ‘Collision’, esto se convierte en un polvorín. No aprovechar de sacar fotos en esta inmejorable posición sería digno de cárcel.

Tras la locura con megáfono de ‘Land of Sunshine’ se acaba el tiempo para los gráficos y es hora de salir de la barricada. Despejamos la zona, agradezco a los guardias y nos alejamos de ese sector que luego se convertirá en la batalla de las escupos. Doy un par de vueltas por el teatro buscando algo sin saber qué: ¿Un lugar cómodo? ¿Alguien que conozca? No sé. Finalmente encuentro a Fuguet y me sumo a él y a Pablo Cerda, justo para eso de ‘ahora somos Frei No More’, antes de ‘Last Cup of Sorrow’.

La mezcla es rutilante: hay hits clásicos y sorpresas de culto. Mi momento Kodak es aquel en ‘Midlife Crisis’ en que el público se queda cantando a capella por un minuto completo ante el impacto de la banda. Tras alucinar con ‘Caralho Voador’, cambio de lugar y me voy a lado de la mesa a compartir con mi amigui Loreto. Justo al llegar ocurre un típico ‘momento Patton’: el cantante entona una sexy versión del estándar ‘Fever’ que acaba abruptamente tras un alarido suyo que casi me infarta. El publico ríe con ganas, la comunión es total.

Del resto del set, sólo puedo decir que sonaron mis cuatro canciones favoritas de ‘King for a Day..’, ese disco que le encargué a mis viejos cuando fueron de viaje y yo estaba a dos meses de terminar Cuarto Medio. Imaginen el compromiso emocional con esas canciones. Mientras celebrábamos en backstage con los chicos de la productora, vi como Billy Gould fue al camarín de los chicos de Lerdo (teloneros) y se despidió respetuosamente de ellos, llevándose su disco y sacándose todas las fotos que le pidieron. Un grande. Lo que también vi fue que el setlist terminaba con una que no sonó: 'We Care a Lot'.

Viernes 30, 16 horas. La Dani amablemente ofreció su auto, así que vamos a toda velocidad por Vespucio rumbo al Estadio Bicentenario de La Florida. Ya en el tercer piso del estadio (oficina de producción) y con un calor abrasador, hacemos rápido las tareas pendientes. Luego, sobre el escenario, me encuentro con Andrés, el manager de Sepultura, para chequear por cuántos temas se pueden sacar fotos. En ese mismo momento se abren las puertas del estadio. Ver correr por la cancha a los primeros fans es francamente conmovedor.

A eso de las 20 horas, la impuntualidad de la prensa es aún peor que el día anterior: las vías de acceso al estadio forman un taco gigantesco que demora la llegada de la gente. Mientras la Dani y yo esperamos en el acceso a Palco Pacífico, Gigio cumple un rol vital: él lleva a cada uno de los acreditados a Cancha Vip, pegándose unos 20 piques de ida y vuelta. Durante todo ese rato, logro escuchar el potente set de Sepultura que, diezmados y todo, la rompen igual a punto de himnos como ‘Territory’, ‘Arise’ y ‘Roots Bloody Roots’.

Sólo a las 21:15 horas entramos al foso con los gráficos. Se rumoreaba que los FNM querían tocar puntualmente a esa hora; sin embargo, hubo tiempo para todo porque la banda recién aparece 35 minutos después. Esta vez sí partieron con ‘Reunited’ y Patton cambió el traje color damasco por un terno de terciopelo plateado. Nuevamente, los aullidos del público me provocan sordera mientras trato de registrar el momento y veo con espanto como el vocalista arroja un pesado pedestal de micrófono al público. Glup.

Esta vez, el desalojo de la barricada fue más atadoso, pero no por los gráficos sino por los colados: groupies, técnicos y todo tipo de personajes que nada tienen que hacer en esa posición de privilegio ganada legítimamente por los fans que llegaron temprano. A lo lejos alcanzo a divisar a Patton con una chupalla cantando ‘Evidence’.

Fiel a la promesa que le hice a una amiga, le doy la vuelta completa a la Cancha Vip y llego hasta el costado derecho, justo para ‘Surprise, You’re Dead’. Junto al Manu, Kirk y la Isidora, nos sorprendemos mucho cuando tocan ‘RV’ y yo quedo shockeado con los chillidos de Patton en el final de ‘The Gentle Art of Making Enemies’. El líder sigue con su show propio: ya lanzó uno de los monitores al suelo y durante ‘Just a Man’ se manda un carrerón a la reja con el público, empujando a guardias y soltando micrófonos. El final con la falla de sonido en ‘We Care a Lot’ y el antclímax de ‘Pristina’ no le hicieron justicia a un show tan perfecto. Y menos aún cuando me entero que ‘A Small Victory’ aparecía en el setlist.

Para el recuerdo quedarán postales del final como la foto de Roddy Bottum con los pacos, el desgarro que sufrió Patton en una pierna, mi propia foto con Billy Gould, y la celebración final en Cienfuegos, lugar al que sólo llegaron Billy, Jon y los Sepultura. Había sido suficiente rock and roll por una semana. Pero me quedó la sensación de que, para estos jóvenes productores, el apetito se ha abierto heavy. Amen.

Monday, November 02, 2009

Rey por un Día

(**Están pendientes los reviews de Depeche Mode y Cómo Asesinar a Felipes. Ya van.)

Si presenciar un hecho histórico es emotivo, formar parte de él y sentir que en alguna medida eres responsable de que haya ocurrido, es derechamente la gloria. Cuando mi amigo Leo me preguntó si quería ser el encargado de prensa de la visita de Faith No More en Chile, no había mucho que pensar: más bien costaba creerlo. 15 años atrás, FNM, los Red Hot, Beastie Boys (a los que vimos juntos en el ‘95) y otras bandas eran el menú habitual de nuestras conversas de fin de semana, viendo algún VHS pirateado. Ahora, él y un grupo de valientes estaban a cargo del regreso de uno de los nombres más queridos por el público local. Inaudito.


No es raro el culto por Faith No More. Es una banda que creó un imaginario en Chile: su visita a Viña no sólo fue el freakerío que todos insisten en leer, sino un hito fundacional. La chance cierta de que los nombres más alternativos de la música también podían desembarcar aquí, y hacerlo con éxito. Fue el primer show de metal para muchos chascones que se juntaban en el Paseo Las Palmas y como ya sabemos, la primera no se olvida. Quienes fueron optando por seguir a otras bandas, igual mantenían el cariño por ese recuerdo imborrable. Lo del ‘95 en el Caupolicán sólo contribuiría a robustecer la mitología.


Entendíamos que teníamos algo grande entre las manos, pero el primer día de venta de tickets fue una locura: 8 mil boletos en un día. Uf. Y ni hablar de ese 12 de junio en que parecía que todo Chile se había colgado al webcast del ahora mítico show del festival Download: esa partida con ‘Reunited’ de Peaches & Herb es candidata fija para postal del año.


Mientras tanto, yo mandaba y mandaba comunicados de prensa: el récord de ventas, el segundo show, la aparición de Sepultura, los teloneros chilenos. Noticias y más noticias. Hasta una entrevista con Billy Gould conseguimos, y salimos a dos páginas un día domingo en La Tercera. Nada mal para una banda de rock separada hace más de una década. Sin embargo, vendría la parte ingrata de mi pega: Tim Moss, el manager del grupo, exigió no más de 20 periodistas por día, entre fotógrafos, camarógrafos y claro, periodistas. Ese número ridículo me forzó a cortar a la mitad la lista originalmente elaborada, teniendo que dejar a varios colegas sin chance de cobertura. Una lata.


Ojo que también hubo un montón de medios (en especial, programas de TV) que aparecieron a última hora, pidiendo ‘cubrir’ el evento. No los nombraré, pero no son precisamente los que ponen a la música como prioridad en sus pautas. No los culpo: a mí también me gusta ir a conciertos gratis. Si hasta me llamó la asistente de José Miguel Viñuela para pedir tickets. Qué caras de raja. Finalmente se hizo un esfuerzo y logramos meter a la mayor cantidad de posible de medios que, a nuestro parecer, no podían faltar.


Y llegó el gran día. En este escenario tan intenso, no sólo estás pendiente de que tu pega salga bien y de intentar compartir unos minutos con el astro, sino que también entablas relaciones con muchas personas: algunas, muy breves y otras, que pueden durar para siempre; algunas son ásperas y tensas; otras, de complicidad y genuina amistad. Es lo que yo llamo mi propio ‘Almost Famous’: esos dos días y medio en que por distintos motivos estuve con Alberto Fuguet, el Nene, Arturo Lovazzano, Diego, el jefe de escenario, Fernando Mujica, la gente de Caba, Andrés Varnava, el manager de Sepultura, Tim Moss, los jefes de seguridad, los promotores neozelandeses de visita, el Gigio, y la Dani, mi asistente, entre muchísimos otros.



Una foto para la historia


Mi propio momento peak llegó por casualidad: la noche del miércoles partí al glamoroso hotel W, con el antecedente de la caótica llegada de la banda y la consiguiente ofuscación. Tras algunas horas y después de ir a dejar a una amiga, la Dana y yo nos encontramos en un salón con Gonzalo Frías, Alberto Fuguet y…Mike Patton. Junto a sus dos acompañantes (Eric, un gringo freak y el hermano policía de Patton), tres personas de la producción (Leo, Dana y Seba), Fuguet, Patton y yo partimos a comer al ‘Tahití’, una marisquería del barrio Brasil.


En ese contexto tan íntimo, finalmente se pudo conversar de todo mientras comíamos ostiones, camarones, locos y otros mariscos. Le contamos a Patton que tocaría en el mismo lugar de los escupos y él se acordó de inmediato de la escena y se la explicó a sus acompañantes. También dijo que durante los últimos años, el truco más barato que podía tener un cantante gringo era pedir disculpas por George Bush (¿Escuchaste, Trent?) Trató de aprender todas las palabras en español que pudo, y como buen fan de Brasil, se mostró feliz por el triunfo de Rio para los JJ.OO. El Seba le dijo que lo había visto tocando con Rahzel en Coachella y él confesó que le cargan los festivales. Ahí yo le dije que fui a Lollapalooza el 2008 a ver a Rage Against the Machine y él dijo que ‘Zack es un buen chico, pero sus letras son algo inocentes’. Cuec.


Tras esa amena y surrealista cena, partimos a tomar algo a Bar Constitución. Al llegar, estaban tocando los brasileños de Autoramas. Me pregunto si a su muy atractiva bajista le habrán contado que tocó para Mike Patton. Predeciblemente, Patton duró 10 minutos de incógnito y luego todo se convirtió en un incesante desfile de fotos y autógrafos. Fin de la primera noche. En el próximo post, los entretelones de los shows y la fiesta final en Cienfuegos. Reunited.

Monday, October 19, 2009

Cambiar para que Nada Cambie

La escena al llegar al Club Hípico era digna de la mejor fiesta universitaria de todos los tiempos: botillerías colapsadas, combinados mezclándose en cada rincón del barrio y los pacos, asumiendo la derrota con ‘La Escoba’ de Chico Trujillo de fondo. Ritoque is not Dead.

Entré a las 20:00 horas al nefasto recinto, justo para ver a Los Tres. Era un show muy especial (y que casi se suspendió) tras la sorpresiva muerte de la madre de Angel (y Javiera) Parra, Marta Orrego Matte, ocurrida tres días antes. Eso sí, Angel se paró en escena con postura apática a lo Noel Gallagher y en un ningún momento ni él ni nadie evidenciaron la triste situación hacia el público.

Es raro lo que pasa con Los Tres: poseedores del cancionero más perfecto del rock local, parecen negarse a avanzar, tanto en sonido como en repertorio. Abrieron con ‘El Aval’, siguieron con ‘Hojas de Té’ y durante sus 45 minutos de show no tocaron ninguna canción de discos suyos posteriores a 1995 (ni siquiera ‘Cerrar y Abrir’!). ¿Será algo así como asumir el fracaso de ‘Hágalo Usted Mismo’?

Por cierto, hubo postales recordables: el guiño a Tiro de Gracia en ‘La Torre de Babel’ (‘Llaman a la puerta llaman’), el final épico y distorsionado en ‘Te Desheredo’, el saludo a la clasificada selección de fútbol en la suite de cuecas, la estrofa de ‘Jefe de Jefes’ en medio de ‘He Barrido el Sol’, o el final con teclado a lo Café Tacuba en ‘Déjate Caer’. Pero la sensación es agridulce cuando el nombre más trascendente de la música chilena opta por no mirar para adelante y prefiere convertirse en un acto de nostalgia, cual muerto en vida. Simplemente no se condice con su gloriosa historia.

Y la encrucijada de caminar hacia el riesgo o dormirse en los hits también vale para el plato principal. Los Fabulosos Cadillacs llegaban a Santiago a casi un año de la partida de su triunfal tour de regreso (noviembre 2008, México). Habían sido seis años de silencio, cuya suspensión se coronó con la edición del álbum, ‘La Luz del Ritmo’ (aunque con sólo 5 tracks inéditos).

Los trasandinos emergieron a escena luego de que se pegara el disco con la intro envasada. Uno a uno, aparecieron los nueve y se quedaron inmóviles por breves segundos, como aguardando la ovación que el público les regaló. Mini-calentamiento de los vientos y llega la explosión: ‘Manuel Santillán, El León’ generó un clímax automático. Volvieron los Cadillacs. Como si no hubiera pasado el tiempo, los puntos de atracción volvían a ser los mismos: Vicentico, apoyado en un bastón, y Flavio, todo tatuajes y virtuosismo. La gran novedad de esta formación es el retorno del vistoso Sergio Rotman, el saxo que se fue en pésima onda en 1997 y ahora abandonó los dreadlocks por un frondoso afro albinegro.

Sigue ‘Contrabando de Amor’, un antiguo ‘skacito’ (como diría Johansen) aggiornado que es el primer single de su nueva placa, ‘El Arte de la Elegancia’; sin embargo, el público parece decir ‘Next’. Los chicos no tan chicos insisten y suena ‘El Sonido Joven de América’, otro rescate de ‘El Satánico Dr Cadillac’, que ahora tiene versión remozada. Al menos los tracks son breves y permiten captar la actual dinámica de la banda en escena. ‘La Luz del Ritmo’ cierra la triada de re-versiones y esta sí suena más familiar.

El primer suspiro de genuina emoción llega con el primer acorde de ‘Vos Sabés’, convertida en karaoke de los 50 mil presentes, y con guiño a The Who al final. Los jugadores se paran en la cancha así: desde la izquierda, el percusionista Tano Martelli, los vientos: Dani Lozano (un histórico), el invitado Hugo Lobo y el mentado Rotman. En batería y teclados, dos que están desde de la partida: Fernando Ricciardi y Mario Siperman; y en guitarra, el invitado Matías Brunel. Recuerden que entre el acabronamiento de Flavio y Vicentico, esta banda nunca le ha dado mucha bola a los de las seis cuerdas. Que lo digan Vaino (ahora es el manager) y Ariel Minimal, quien optó por marginarse de esta reunión.

‘Hola amigos! Son grossos, ¿eh? Qué alegría linda, Están felices….son huachos, ¿eh?’, articula Vicentico tras ‘Calaveras y Diablitos’ en su clásico tono burlón y condescendiente que mezcla el impacto por ver a tanta gente y el saludo por ver a un país clasificado para el Mundial. El tendría la misma alegría sólo tres días después. ‘Esta es de un disco llamado ‘El León’, que lo grabamos en 1812’, dice el frontman antes de ‘Soledad’. Y la verdad, parece que fueran 200 años. Del público lanzan un gorrito de la selección, pero Vicentico no se lo pone; se lo pasa al trompetista invitado y él sí se lo calza. Manda antigüedad.

Una curiosidad que evidenció el paso del tiempo fue el llamado a la batería a Astor, el hijo de 12 años del bajista. Con Flavio en voz y guitarra y Vicentico en bajo, hicieron un versión de ‘Nosotros Egoístas’ que careció de prolijidad pero le sobró nervio emotivo. El mini baterista se quedó en escena y junto a Florián, -el hijo de Vicentico- en guitarra, hicieron la clásica versión Cadillac de ‘Guns of Brixton’ de los Clash cantada por Flavio, aunque en esta pasada sonó más raggamuffin y menos dub.

Desde ‘Carnaval Toda la Vida’ en adelante’, el show se transformó en una sucesión de golazos de media cancha insuperables: ‘Carmela’, ‘Mal Bicho’ (con Flavio usando su bajo como escopeta), la neo-bailantera ‘Padre Nuestro’ (Flavio, otra vez: ahora enfundado en una máscara de luchador mexicano y paseándose por el escenario en skate) y para rematar, nada menos que ‘Matador’. Un set demoledor que cerró con la más antigua de la noche, ‘Silencio Hospital’.

Tras el descanso de rigor, los argentinos aprovechan la contingencia: dentro de media hora se conmemora otro Día de la Raza, pero para los Cadillacs no hay nada que celebrar. ‘Quinto Cententario' suena tan ajustada, combativa y dolida como la primera vez. Y de un himno comprometido saltamos al extremo opuesto: hasta yo me sorprendí cuando se lanzan con ‘Mi Novia se cayó a un Pozo Ciego’, una que trae de vuelta esos tiempos en que eran la banda que ‘se quería morir tocando ska’.

Yo hago las partes mías y ustedes, las de Celia. ¿Ok?’, invita Vicentico para lanzarse con ‘Vasos Vacíos’ y de postre, llega ‘El Satánico Dr. Cadillac’. Uf, a estas alturas, el acumulamiento de himnos comienza a pasarle la cuenta al cuerpo. Los chicos se van: Rotman dice adiós, pero a la salida Flavio aleona con las manos a que la gente pida más. Al regreso, Vicentico recuerda que para que una noche así haya existido, hubo muchas previas en lugares pequeños con muchos de los presentes. Y sí: por escoger sólo una, recuerdo esa noche de agosto de 1995 en el Teatro ‘Monumental’ con 12 compañeros del Cuarto Humanista. Cómo olvidarla... De vuelta en el 2009, ‘Siguiendo la Luna’ invita al sosiego con su cadencia sostenida y como guinda de la torta, nadie se iba del fuckin’ Club Hípico sin escuchar ‘Yo no me Sentaría en tu Mesa’.

¿Extrañamos algunas canciones? Claro, siempre seremos inconformistas. De la época añeja pueden ser ‘Gallo Rojo’, la preciosa versión de ‘Desapariciones’, la infaltable ‘Gitana’ (sí, la están tocando) o la legendaria ‘Basta de Llamarme Así’. Pero lo que a mí de verdad me dio lata es que esta banda abandone casi del todo sus últimos, más experimentales, arriesgados y mejores discos, ‘Fabulosos Calavera’ y ‘La Marcha del Golazo Solitario’. Bueh, es una gira de regreso y tienen que sonar los clásicos. Pero el próximo 03 de diciembre en el Movistar Arena esperamos sentir que vamos para adelante. ¿Ok?

Setlist: El León / Contrabando de Amor /El Sonido Joven de América / La Luz del Ritmo / Vos Sabés / El Fin del Amor / Demasiada Presión / Calaveras y Diablitos / Soledad / El Aguijón / Nosotros Egoístas / Guns of Brixton / Saco Azul / El Genio del Dub / Carnaval Toda la Vida / Carmela / Mal Bicho / Padre Nuestro / Matador / Silencio Hospital // Quinto Centenario / Mi Novia se cayó a un Pozo Ciego / Vasos Vacíos / El Satánico Dr. Cadillac // Siguiendo la Luna / Yo no me Sentaría en tu Mesa

Sunday, October 18, 2009

Pop al Cubo

La forma es el discurso. Ellos no quieren entregarte un mensaje: prefieren que repitas con ellos ‘Goooo Weeeest’, y seas feliz por 90 minutos. La base misma del pop. ‘Twist and Shout’. Pregunta y Respuesta. Estrofa y Estribillo.

Según muchos, la tercera parada de Pet Shop Boys en Chile fue la mejor de todas. No estuve en el Caupolicán el ’95, pero sí fui hace dos años a la Estación Mapocho y como todos los presentes, intenté sin éxito escuchar algo en medio de esa masa de rebotes. Esta vez, en el Movistar Arena y con un show redondito, Tennant y Lowe ganaron por paliza.

En un comienzo no aparecen ellos, sino dos personas con mallas rojo y azul y un cubo en sus cabezas. Sí: un cubo, el elemento clave del ‘Pandemonium Tour’. Luego, la dupla estelar emerge desde el centro del escenario, atraviesa una muralla de cubos blancos y se posan en micrófono y sintetizadores, respectivamente (con cubos en sus cabezas, por cierto). La enorme ‘Heart’ es la primera.

La excusa de este tour es la salida de ‘Yes’, un álbum que evoca lo mejor de Pet Shop Boys: concisión, elegancia y un talento superdotado para los estribillos pegajosos. Un buen ejemplo es ‘Did you see me Coming’ que cierra con Tennant ensayando su español para agradecer al público. Mal que mal, ya llevan casi una semana en Chile. Durante ‘Pandemonium’, los chicos rojo y azul tocan un par de trompetas y dan paso a ‘Can You Forgive Her’, el primer peak y prueba empírica de que la garganta de Tennant está intacta.

Somos los Pet Shop Boys, beatiful country’, dice el cantante, ya sin cubo en la cabeza, antes de mandarse con ‘Love, etc’, otra de las nuevas. Durante todo este rato, el muro de cubos blancos ha proyectado visuales simétricas a la distribución de cuadrados (cartas de ajuste, dancefloors, juegos de tetris, etc.). Pues ahora, los muros son derribados y queda al descubierto una estructura piramidal que pone a la vista a dos bailarines que se mueven a ritmo militar con la intro marcial de ‘Go West’. Es el delirio.

Se genera un breve interludio y al regreso, dos bailarinas con batas de tercioplelo (y cubos en la cabeza) y un experto en breakdance interpretan con delicados movimientos ‘Tonight is Forever’ y ‘Two Divided By Zero’. Pero el momento que viene es notable: durante ‘Why Don't We Live Together?’, cuatro bailarines aparecen vestidos con corpóreos de edificios haciendo una graciosa coreografía. Yo alcancé a reconocer al Chrysler y al Empire State.

Y si les faltaba un hit, justo cae ‘Always on my Mind’. Consciente de la popularidad del tema, Tennant recorre el escenario de punta a punta aleonando a un público que, -a estas alturas-, si tuviera cubos cerca, se habría subido a ellos a bailar cual Go Go Dancers. La dupla no deja que la fiesta decaiga y pegan con ‘New York City Boy’, apoyada por el cuarteto de bailarines haciendo pasitos a lo Tony Manero.

Tras ‘Left to My Own Devices’, Chris Lowe se convierte en el centro de atención: el público le canta el ‘Cumpleaños Feliz’ ya que cumplió medio siglo el domingo anterior en Santiago de Chile. Fiel a su imagen, el músico ni se inmuta. La empatía no está entre sus virtudes (por contrato). Lo que viene es distinto: Neil Tennant regresa a escena con terno negro y corbata de humita. Ahora, sin lentes oscuros ni sombrero tipo bombín, queda expuesta su calva cuyo único adorno son unas cuantas canas.

Durante este segmento, Tennant juega al crooner y muestran su faceta menos bailable y electrónica con tracks como ‘Do I Have To’, ‘King's Cross’ y ‘The Way It Used To Be’. El bloque cierra con una ‘Jealousy’ que acaba con la pareja de bailarines negros agarrándose literlamente ‘a cubazos’.

La locura retorna al Arena tras los primeros acordes de ‘Suburbia’. Acompañando a Tennant, aparecen dos personas caracterizadas como oficinistas. Pero en medio del estribillo se despojan de sus ternos y quedan en tenida deportiva: son las rubias y delgadas mellizas Polly y Sophie Duniam, las mismas que han aparecido toda la noche con cajas en la cabezas, edificios en el cuerpo y con batas de terciopelo.

Las mismas chicas, más la guapa mestiza Charlotte Walcott y el moreno Sean Williams se encargan de apoyar a Tennant en baile y coros de una ‘latinizada’ ‘Se A Vida E’, que termina en una fiera batucada. Lo que viene son guiños a ‘Domino Dancing’, pero finalmente el track no suena en su totalidad; en lugar de ello, Tennant vuelve al escenario con capa y corona, cual Freddie Mercury en sus mejores tiempos. Este Rey del Pop (o del Tecnopop) se manda con una versión a capella de ‘Viva la Vida’ de Coldplay’ que ha sido la sorpresa en este tour.

La lujuriosa ‘It's A Sin’ cierra el bloque y la pareja sale de escena. Para volver lo hacen solos, sin parafernalia, como queriendo decir: ‘muy bien los apoyos visuales, pero esto es nuestra verdadera esencia’. Y qué mejor elección que ‘Being Boring’ para demostrarlo: el track suena limpio, perfecto, sin aditivos. Voz y bases. Sinergia total.

Tennant y Lowe agradecen por última vez y se van con broche de oro. ‘West End Girls’, mi favorita, la primera que lanzaron, la que inventó un sonido, es la final. Una canción sobre amar a quien no se supone que ames, sobre sentirte en el lugar equivocado, sobre la paranoia. Si no lo sabías es porque los Pet Shop Boys hacen que la realidad suene mucho mejor de lo que es. Gracias por cobijarnos en su fantasía pop, Chris y Neil.

Setlist: Heart / Did You See Me Coming? / Pandemonium-Can You Forgive Her? / Love etc. / Integral-Building A Wall / Go West / Tonight is Forever / Two Divided By Zero / Why Don't We Live Together? / Always on My Mind / NYC Boy / Closer To Heaven / Left to My Own Devices / Do I Have To / King's Cross / The Way It Used To Be / Jealousy / Suburbia / All Over The World / Se A Vida E / Domino Dancing - Viva La Vida / It's A Sin // Being Boring / West End Girls

Friday, October 09, 2009

Rezamos por Vos

Nunca fui muy fan de Charly García. A quien me quisiera escuchar le decía que si el trasandino hubiera muerto hace 15 años sería el Lennon de nuestro continente. Me molestaba la militancia obcecada de sus fans, defendiendo berrinches que, -carentes de sustancia musical durante ese periodo-, quedaban reducidos a pataletas de drogadicto. Pero bueno: el bicolor tuvo la mala ocurrencia de vivir, a su pesar. No hace falta recordar lo que ha sido la última década de Charly. El tipo es un sobreviviente. Quedarse en esta tierra ya era una tarea titánica, pero salió airoso; lo próximo era ver si podía volver a defenderse sobre un escenario. Pudo. Y ahora sí, yo puedo decir ‘qué bueno que lo logró’.


Tras una muy pública rehabilitación en la finca de Palito Ortega, Charly volvió a las canchas: lanzó un tema nuevo (no hay disco a la vista, salvo el muy filtrado a internet ‘Kill Gil’) y resucitó oficialmente en Perú. Chile fue la segunda plaza.


Viernes 02 de octubre, 21:27 horas (un día después de una memorable prueba de sonido en la que ensayó su show completo). Un telón blanco tapa completamente el escenario y sobre él se proyectan unas clásicas cortinas granate que simulan las de un teatro. De fondo suena una escala en piano que guiña a ‘Pasajera en Trance’. Unas par de potentes focos dejan al desnudo la sombra de Charly, quien levanta los brazos con look a lo Marilyn Manson después de ir a la Fuente Alemana. O-va-ción.


El telón cae y Charly ya está en su elemento: el piano. ‘El Amor Espera’ abre la noche. El ex -flaco está pendiente de muchas tareas pero no puede ejecutarlas todas a la vez. Hace el signo del heavy metal y mueve los dedos índices cual director de orquesta. El sonido recién se está calibrando. Al final del tema, Charly salta al centro del escenario y entona unos ‘wo wo wo’ que le dan calor al ‘Rap del Exilio’. Canchero, grita ‘Vamos a bailar’ e improvisa unos pasitos de twist que lucen como si los hiciera una mantis religiosa.


En una tónica que se repetirá toda la noche, pegadita llega ‘No soy un Extraño’. El clásico de ‘Clics Modernos’ suena impecable salvo por la gastadísima voz del bicolor, quien no llegará a ningún agudo esta noche. Me recuerda el efecto que me causó Bob Dylan haciendo ‘Just Like a Woman’ casi dos años antes en este mismo lugar. De todos modos, Charly está en su salsa y abraza cariñoso al ‘Negro’ López, mientras éste intenta terminar un punteo.


¿Estan listos para un rock? Say no More!’, grita antes del intro de ‘Cerca de la Revolución’. Sí: este nuevo Charly no sólo es robusto, sino generoso con sus hits y en particular, con los que no tocaba hace décadas. Eso sí, le da los coros al público. Y a Hilda, claro. Hilda es Hilda Lizarazu, ex voz del proyecto noventero Man Ray, corista histórica de Charly (1987-1993) y una persona clave en esta puesta en escena, como queda claro en ‘Chipi Chipi’ que suena apretadita con Charly al piano.


Tras despojarse de su chaqueta roja, Hilda acusa que llegó el momento de acalorarse. Y la guitarra de ‘Fanky’ lo dice todo. Primer aullido de locura de la noche. Se armó la fiesta. Pero bueno, volvamos a Hilda. La cantante reemplaza en escena la presencia que antes supieron encarnar nenas como Fabiana Cantilo o la fallecida María Gabriela Epumer (para mí, esa muerte marca el momento en que Charly abandona la cordura): no sólo canta bien, sino que además coquetea con el frontman y juega perfecto su rol de musa, de objeto de deseo. Por si no lo sabías, las canciones son para alguien, y en este contexto son para ella.


Tras la ambiental ‘Vía Muerta’ (‘ahora entramos en otra cosa’, introdujo Charly), llega el segundo aullido de locura: la caja de ‘Demoliendo Hoteles’ suena aplastante, agresiva, concentrada y visceral. Si vas a cantar, mejor grita. No demora en caer ‘Promesas sobre el Bidet’, que baja las revoluciones y en la cual Charly aprovecha de acercarse a su mayor socio en esta aventura: Fabián ‘Zorrito’ Von Quintiero, el mismo de los Soda Stereo con laca, el mismo de ‘Gustock’ por MTV, el mismo del Soul Café. El hombre del bigote le estrecha la mano al ‘Zorro’, la misma mano que esta noche trabajará doble resolviendo las partes que Charly ya no toca.


Salvo por las lindas visuales, ‘Adela en el Carrusel’ pasa inadvertida y con mayor razón a la llegada del himno ‘Rezo por Vos’ se desencadena el delirio. Sobre el final, Charly alza las manos e invita a rezar por Mercedes Sosa, intuyendo que a la legendaria folklorista le quedan 32 horas en este mundo. Qué postal.


Los hits no se detienen. Charly aprovecha ‘Yendo de la Cama al Living’ para presentar a sus músicos (incluyendo a los tres leales y talentosos compatriotas) y vuelve al centro de la escena mientras las proyecciones emulan la estética de ‘The Wall’, pero con el cruce de letras de ‘Say No More’. Y si pensabas que esa era para entonarla a morir, lo que viene es ‘Nos Siguen Pegando Abajo’. Eso no más te digo. Ah, estoy tan enamorado de Hilda. ¿Cuántos años tendrá? Se mueve tan libre como a mí me gustaría.


Influencia’ es una hermosa canción pero los agudos de Charly brillan por su ausencia. Luego, el trasandino juega al misterio y presenta ‘Llorando en el Espejo’ como ‘una canción de una época my lejana, pero muy presente. Algunos sabrán porqué’. El track suena muy íntimo y durante su extensión se proyectan unas manos gigantes que simulan tocar un piano, cosa que el mismo Charly hace por encima de sus teclas, palpando el éter. Con esa imagen me recuerda a Brian Wilson, otro que volvió del infierno y vive con minutos prestados. Primero Dylan y ahora Wilson: qué mejor evidencia de la condición de clásico de García.


Una línea de piano me quiebra de punta a punta: es ‘Pasajera en Trance’, con Hilda en la voz principal. Por primera vez me quedo paralizado. La carne de gallina no miente: peak de la noche. Para salir de tan melancólico mood, el propio Charly va al centro durante ‘Raros Peiandos Nuevos’ y trota en el lugar con toda la descoordinación posible. Al final de la rolinga ‘Vicio’, la ganadora del afecto de García es la propia Hilda. Obviamente el abrazo es mucho más largo esta vez.


A lo que hemos Llegado” anuncia, y se manda ‘Buscando un Símbolo de Paz’. El bicolor no se esfuerza en hacerse el interesante; con la sabiduría de los que estuvieron a un paso del abismo comenta afectuoso: “Ya se está acabando, no lo puedo creer. Qué rápido. Está bueno, ¿no? ¿Les gusta?”. Claro que nos gusta, maestro. La noche ya es para contarle a los nietos, pero nadie está preparado para escuchar ‘Estoy Verde’ con tanta energía: estoy cerca de la primera fila y cuando el bigote levanta la patita para ponerla por unos segundos en sus teclas, reparo en que tiene un brazalete rojo de ‘Say No More’ en su pantorrilla derecha. El cierre llega con ‘No Voy en Tren’, arrojada al karaoke masivo. Un juego de potentes reflectores se instala detrás de García y lo inunda de luz justo en el segundo en que llega eso de ‘Yo soy de la Cruz del Sur’. Charly levanta sus brazos cual Cristo y todo se va a negro.


Si el show hubiera terminado ahí, ya faltarían muchos adjetivos para calificar lo vivido. Pero hay más: a su regreso, el argentino vuelve con polera en lugar de camisa y se lanza con un grosero playback de su nuevo track, ‘Deberías Saber Porqué’, en el que ni siquiera se molesta en mantener el micrófono en su boca. Le sigue ‘Hablando a tu Corazón’, en la que cambia la letra y dice ‘Dame Dinero a mí’. Se viene el abrazo grupal y los siete salen del escenario. Tras una larga espera, Charly vuelve para dedicar ‘Inconsciente Colectivo’ a Mercedes Sosa. Parece el fin: pasan largos minutos y el público comienza a rugir pidiendo ‘Los Dinosaurios’ Finalmente, el bicolor concede: la versión parte delicada en piano, pero luego se torna grandilocuente y rockera.


Cuando un amigo está enfermo y uno cree que su vida corre peligro, la satisfacción de verlo bien se multiplica exponencialmente. Si a eso se suma la presencia del soundtrack básico en la vida de cualquier sudamericano, el resultado es emoción viva. Sos Grande, Charly. Qué bueno es conocerte mientras vives. (Ah, Hilda Lizarazu tiene 46 años. Qué linda alma)

Wednesday, September 09, 2009

It's Only Love

Debe haber pocos ejercicios más inútiles, ociosos, gratuitos e injustos que buscar las mejores canciones de los Beatles. Pero en mi cabeza que a todo le arma rankings y listas, es el ansiolítico más a mano que tengo tras el desembarco de la salida de la discografía remasterizada de los cuatro de Liverpool.

Sería muy barsa pretender opinar sobre el trabajo de estas cintas remozadas. Cuando las escuche bien, veamos. Pero de momento, tener una excusa para escuchar una y otra y otra vez esos discos, es una experiencia inigualable. Es increíble: han pasado 40 años y la emoción sigue creciendo.

Necesito poner en algún espacio mis canciones favoritas de los Beatles. Este es el que tenía más a mano. Ponga usted las suyas, ¿ok?

30 I Need You
29 I Want You (She’s so Heavy)
28 Getting Better
27 Do You Know to Want a Secret
26 Eight Days a Week
25 Drive my Car
24 Taxman
23 Get Back
22 Hapiness is a Warm Gun
21 Across the Universe
20 Two of Us
19 Eleanor Rigby
18 Because
17 The Long and Winding Road
16 You’ve Got to Hide Your Love Away
15 Sun King
14 Ticket to Ride
13 She’s Leaving Home
12 Mother’s Nature Son
11 I’m Only Sleeping
10 Lovely Rita
9 Cry Baby Cry
8 Your Mother Should Know
7 I am the Walrus
6 Hey Bulldog
5 In my Life
4 Blackbird
3 Strawberry Fields Forever
2 A Day in the Life
1 I’m So Tired

Sunday, September 06, 2009

Me Da Igual que te sea Indiferente

¿Cómo haces para emocionarlos después de 18 años? ¿Cómo te motivas a ti mismo tras ir de ida y vuelta al lado oscuro más veces de las que puedes reconocer? ¿Cómo conectar con tres mil personas y hacer que tus melodías les revelen cosas de sí mismos? Es otro día más en la oficina para Babasónicos.

Ese viejo axioma de que el éxito es un poquito de talento y casi todo de rigor puede calzar perfecto en este caso. A saber: casi dos décadas de historia, nueve brillantes discos de estudio, casi ninguna fractura interna (una deserción: Dj Peggyn / un fallecido: Gabo) y una década donde se hizo carne todo lo que en los ’90 fue verbo: los discursos sobre anarquía, delirio y confusión se tornaron discos de platino, reconocimiento internacional y eternos tours. Si algo les dejaron los 90 fue el aprendizaje de saber moverse en la precariedad, usar con creatividad los recursos escasos y enfocarse en una sola cosa: LA CANCIÓN. Componer, componer y componer. Tocar, tocar y tocar. En festivales y en bares. En hoteles y desfiles. En tu casa. Donde sea.

En el 2002 la banda retomó su relación con Chile, la que había quedado en standy by cuatro años atrás (no vinieron en el tour de ‘Miami’) y ahora nos visitan una vez al año. Eso permite que los fans entendamos mejor de que se trata la misa Babasónica y leamos con atención las señales que siembran desde el escenario. Anoche hubo varias

Sábado 05 de septiembre, Teatro Caupolicán, 00:00 horas. Chile ya empató con Venezuela, Argentina ya perdió con Brasil. En el aire hay ánimo de tomarse revancha durante los próximos 80 minutos. Estoy nervioso, -como las dieciseis veces anteriores-, y me lo hacen saber. La familia sónica toma la escena y no doy más: me voy a hacer el aguante a la reja, tal como la última vez, en el Festival Universia Rock. Me siento extraño: con los años, cada vez se me hace menos soportable compartir con otros seres humanos los centímetros cuadrados, pero a la vez es lo que exige la excitación del momento.

Predecible, ‘Cuello Rojo’ abre los fuegos. Es el estándar de esta gira como número de apertura. Las más de tres mil almas aúllan con esa guitarra sucia cada vez más ausente en el cancionero de los de Lanús. Adrián comienza el jueguito de levantar su micrófono desde el pedestal amenzando con botarlo, buena metáfora del caos controlado que es la esencia babasónica: instalar la sensación artificiosa de que realmente mientras ellos toquen, tenemos permiso para hacer lo que se nos cante. A mí lado, un par de chicas se lo creen y se besan sin amor, generándome automática envidia.

Lo que sorprende es la aparición tempranera de ‘El Idolo’, (el mejor crescendo emotivo que compuso la banda desde ‘Irresponsables’). Que no me vengan con patrañas: el track es una canción de misa que derivó en himno pagano. Todos hermanados entonando “Cuaaaando yo me muera, haré una fiesta en donde nunca salga el sol…Donde amigos y enemigos brindarán porque regrese en la piel de un canción”. Gloria a Dios. Ahora arremete ‘El Colmo’, otra con cara de himno. Vemos cómo se paran los jugadores en la cancha: Mariano es dueño absoluto de la banda izquierda, con escasos desbordes a los costados; Tuñón se para al fondo, instalado mirando de lado y con unos lentes que ya se quisiera Stevie Wonder; Panza y Carca juegan a hacerse invisibles y a la derecha, Diego Uma parece haber regresado a 1994 con ese engañoso corte de pelo de niño bueno.

¿Y Adrián? Bueh, Adrián está entonando ‘Pendejo’ vestido con una mezcla entre chaqueta y chamanto, que sólo le podría quedar bien a él. El único guiño de la noche a ‘Jessico’ suena corrosivo en comparación con el catálogo reciente del quinteto; mientras tanto, el roadie y músico Luchi Camorra corre a despojar de su campera al acalorado Carca, mientras Diego Tuñon se decide derechamente a tocar de espaldas a la audiencia.

Durante la espléndida ‘Las Demás’, Mariano Roger toca su guitarra pero también hace gestos a la mesa de sonido y le da instrucciones a un par de asistentes sin dejar su condición del más piropeado por las chicas presentes. Tras la muerte de Gabo, el cuarentón hijo del actor Rolo Puente es hoy el DT de Babasónicos dentro de la cancha: sus miradas marcan timings y ‘Mucho’ es una obra que tiene como centro sus guitarrazos cancheros. Lo que viene es el regalito a la vieja guardia: tras siete años de no escucharla en vivo, suena ‘Seis Vírgenes Descalzas’. No puedo creerlo: entono a todo pulmón, pero a poco andar me doy cuenta de que estoy cantando solo. Es una sensación que tiene poco de cool y harto de snob. Callo. En mi cabeza, la canto a morir.

Coherente con su discurso, los chicos se centran en su última obra. Horas antes, Mariano me dijo que no se hacían cargo del rótulo de ‘clásicos’ porque eso es sinónimo de una banda que no avanza ni explora en su sonido. Para Babasónicos, la clave es vivir en puro presente y si eso significa quitarle el piso a sus obras maestras previas, pues se hace no más. El remix de ‘Pijamas’ que sale en ‘Mucho Más’, la enorme ‘Cómo eran Las Cosas’ y ‘Yo Anuncio’ les dan la razón: en esta última, Adrián adopta su clásica postura con un pie en uno de los retornos y a ratos se acerca al público para cantar con ellos. Se prendió el cantante.

Y si así está la cosa, qué mejor que lanzarse con ‘Irresponsables’. Es el peak definitivo de la noche y se justifica con creces. Es la síntesis sónica que conjuga jueguito kitsch, actitud rock y un exquisito estribillo que hace imposible no cantar con los ojos cerrados mientras el frontman le baila a Roger como si de un exorcismo se tratara. Llega el momento de la pausa y Mariano se queda solito en escena para recordarnos que la excusa de esta visita es la reedición con bonus de ‘Mucho’ y, como si de un fogón se tratara, canta ‘Paralelos’ (compuesto por Miguel Castro, de Victoria Mil) a pura guitarra y con un aire al ineludible Calamaro.

Una síntesis completa de la historia reciente de Babasónicos no lo estaría si faltara la suite ‘Carismático/Yegua’. Como pocas veces, los tracks suenan pegados y la transición entre ambos temas pilla a Adrián pajareando, por lo que obliga a su hermano a cubrir el silencio sin evitar que el error se note. A pesar de su presencia magnética, Dárgelos se ve con menos aplomo que en otras ocasiones, falencia que trata de cubrir con inéditos diálogos con el público, algo que está casi vetado en Babasónicos.

Vienen segundos de ruidosa distorsión en el escenario, los que preceden a ‘Así se Habla’, la declaración de principios más nítida de una banda que siempre juega al misterio. Le sigue ‘Y Qué’, la canción en que todos los presentes se sienten sexys por cuatro minutos, y ahí está el bailecito de Adrián para confirmarlo. ¿Otro peak? No se puede con ‘Putita’. Nada que hacer. Un hit es un hit, y esta banda los cuida (al menos, los recientes).

Ahora viene ‘Escamas’, dice Mariano. Tras el lento romanticón, Adrián se manda un speech de agradecimiento a Blondie y a los presentes que lo ‘hicieron sentir bien’. Nuevamente pienso en lo anómala que luce esa demagogia en una banda que siempre luchó contra ella. Para eso, qué mejor antídoto que ‘Estoy Rabioso’. La canción suena como tiene que sonar: como una masa de bulla que le recuerde a los presentes que esto no es sólo ‘Putita’. El cierre viene con la perfecta ‘Microdancing’, el track en que los hermanitos Rodríguez perfeccionan los duetos que antes exploraron con ‘Patinador Sagrado’ y ‘Paraguayana’.

Los chicos salen de escena, pero no tardan en volver. El regreso es con otro estreno, ‘El Pozo’, una de las más inspiradas de ‘Mucho Más’ y donde se mantiene viva la perversidad sonora. Los Babas bajan los decibeles al mínimo con ‘Nosotros’, pero dicen adios en grande con ‘Sin mi Diablo’, y queda la imagen de Mariano durante el solo, jugando al ‘Guitar Hero’. Siempre dejando con gusto a poco, siempre instalando dudas: sobre ellos y sobre uno mismo. ¿Por qué son tan importantes las canciones? ¿Estoy del lado equivocado del escenario?

Setlist: Cuello Rojo / El Idolo / El Colmo / Pendejo / Las Demás / Seis Vírgenes Descalzas / Pijamas Rmx / Como eran las Cosas / Yo Anuncio / Irresponsables / Paralelos / Carismático / Yegua / Así se Habla / Y Qué / Putita / Escamas / Estoy Rabioso / Microdancing // El Pozo / Nosotros / Sin mi Diablo